Un espacio más de poder que es dominado por los que siempre ganan. Los que fugan plata y despiden gente cuando hay más crisis, y los primeros en la fila cuando los gobiernos reparten. Por qué razón el dueño de Techint puso a Funes de Rioja al frente de la UIA, y qué hay detrás del veto oculto a José De Mendiguren.

La nueva cúpula de la Unión Industrial Argentina sorprendió a muchos. Y no precisamente para bien. Partiendo de la base de que no será un industrial el que la dirija sino un abogado laboralista, Daniel Funes de Rioja, eterno predicador de la flexibilización laboral y el ajuste. El mensaje está claro.

Lo que no estaba tan claro fue la razón por la cual sorpresivamente y sin explicación alguna fue barrido de la mesa chica José De Mendiguren, un viejo líder de esa organización, varias veces presidente y siempre presente en los estamentos de conducción.

De hecho, dirigente conocido como “el Vasco” iba a ser parte del comité ejecutivo, ocupando un asiento para el que el propio Funes de Rioja lo había convocado, en el marco de una lista de unidad. En cierto modo, era un reconocimiento no sólo para De Mendiguren y su trayectoria en la institución, sino también para el sector textil del que proviene, con más de 50 años de presencia en la UIA. Nadie hubiera podido alzar el dedo para objetarlo.

Escuchá la entrevista con Tomás Méndez

Pero llamativamente, a último momento, sin previo aviso y para sorpresa de todos (o quizás no, eso no lo sabemos), "alguien" metió la mano y lo sacó a De Mendiguren. Indudablemente, “ese alguien” era un brazo fuerte que estaba vetando su nombre y que logró su cometido.

El actual presidente del BICE quiso averiguarlo. Para eso llamó a todas las cámaras importantes, al sector metalúrgico, al automotor, al de plásticos, a las cámaras de provincia de Buenos Aires, a las de Santa Fe. "Nadie me vetaba. Al contrario, me decían la importancia que podía tener mi aporte a partir de mi experiencia como legislador", relató De Mendiguren en diálogo con el programa Duro de Callar, por Radio de Plata. También valoraban como importante su presencia en el BICE, un banco de inversión estratégico para el sector.

"Todo el mundo coincidía con esto. Tengo grabaciones de empresarios importantísimos apoyando que yo estuviera en el Comité Ejecutivo", se sorprendía el dirigente.

El acertijo tendría una explicación, y lo descifró el mismo. "Cuando veo que no era nadie, quedaba una sola empresa, y era Techint", le contó a Tomás Méndez, el conductor de ese ciclo. "Lo llamé por teléfono tres veces, le dejé mensajes. Pero nunca me contestó. La conclusión que saqué es que él me había vetado de la lista", sostuvo.

PULGAR ABAJO

Esto que podría parecer una cuestión personal, en realidad no lo es. Esconde una concepción y definitivamente transmite una impronta que se le quiere dar a la UIA.

¿Por qué? Porque la UIA, históricamente, ha sido un espacio donde han convivido las pymes con las grandes industrias, donde han tenido voz las diferentes regiones productivas del país, "sobre todo las del interior, que no tienen una llegada tan fácil al poder político para intentar resolver sus cosas", describió.

En oposición a ello, el dirigente señala que las grandes empresas "ya tienen esa relación en Buenos Aires". No necesitan intermediarios, no les hace falta una entidad como la UIA.

Para De Mendiguren, el hecho de las grandes empresas quieran venir ahora a quedarse con la UIA es para dominar la gestión y el discurso de la entidad. "Vos imaginate que Paolo Rocca puede levantar el teléfono y hablar con el presidente. Y si un día necesita pelearse, puede hacerlo porque tiene espalda".

El problema es que en esa postura, nacida de una clara oposición política, lo que hace es arrastrar a todo el resto de sectores, sobre todo los pequeños y medianos, que son los que más necesitan de un espacio como la UIA. Espacio que hoy ha quedado en manos de la gente impuesta por el empresario más grande del país, el mismo que no tuvo problema en llevar sus dólares a guaridas fiscales y despedir masivamente en el momento más crítico de la pandemia.

Para esos tipos, una entidad boba, que sólo le haga la venia a los gigantes y que se olvide de las Pymes, es simplemente música para sus oídos. ¿La consecuencia? Una UIA que se olvida de las empresas más necesitadas y que más empleo y valor agregado generan, y corre a los brazos de Paolo Rocca.