Con curvas casi calcadas, las estadísticas de consumo interno y de exportación de carne van siempre a la inversa. Nos tomamos el trabajo de compararlas para que entendamos un poco mejor porqué llegamos a la situación actual. Y también para que tengas bien en claro que los supuestos entendidos en la materia que escriben tantas columnas en La Nación o en Clarín, en realidad te están mintiendo.

A todos nos gusta que Argentina exporte. ¿Quién podría estar en contra? 

La respuesta debería ser nadie, sí y sólo sí los que se benefician por esa exportación tuvieran algún atisbo de racionalidad. Pero lamentablemente eso en Argentina no funciona. Porque los sectores que han sido beneficiados por una serie de factores sobre los que no tienen ni han tenido ningún mérito, como la riqueza de la tierra o la propiedad de los latifundios (que como sabemos en su mayoría no tienen una génesis muy limpia que digamos), pretenden llevarse ese beneficio absoluto a sus bolsillos.

El caso de la carne es emblemático, hasta convertirse en el gran dolor de cabeza de los argentinos y por ende del gobierno. No te lo voy a contar yo a vos. El precio de este alimento de primera necesidad se fue al carajo durante los últimos 8 meses. En serio. Arrimate a la góndola de carnes de cualquier super y quedate un rato a ver la cara de la gente. Ni en una película de terror vas a ver esos gestos entre los espectadores.

FOR EXPORT

Pero vamos al tema que nos ocupa. Durante el último mes, cuando el gobierno decidió frenar provisoriamente la exportación de carnes, todo el lobby del agro, con la mesa de enlace a la cabeza, no sólo decidieron hacer un cese de comercialización (que resultó bastante inoportuno y también infructuoso), sino que también salieron por todos los medios, con todos los "periodistas del agro" a hacer lobby diciendo que el precio de la carne no tenía nada que ver con las exportaciones.

Esos grandes especialistas, plumas de Agroverdad, Clarín Rural, Agrovoz, Bichos de Campo, La Nación y demás sitios especializados, repitieron obsesivos que el precio interno no sube cuando crecen las exportaciones. Y que si se da una suba, hay que buscar las razones por el lado de la falta de competitividad o de los impuestos (el chamuyo de siempre). Sí, contorsiones discursivas de ese tipo tuvimos que escuchar en estas semanas.

Bueno muchachos, los especialistas son ustedes. Y si son especialistas como dicen, no tengo dudas de que han podido acceder a información pública, alguna de ellas de entidades vinculadas con el campo, que demuestran que el termómetro del consumo interno va casi en paralelo pero a la inversa con los volúmenes exportados. 

Los números no mienten. Sólo es cuestión de saber buscarlos y saber compararlos.

A LA INVERSA

Eso es exactamente lo que hicimos en ADN. Buscamos las estadísticas de exportaciones durante los últimos diez años, y luego buscamos las estadísticas de consumo interno, que en la actualidad son las más bajas del último siglo. 

La comparación la podés ver con claridad en este gráfico. La lectura, casi que no hace falta hacerla. La podés ver vos con claridad. A medida que crece el consumo interno, bajan las exportaciones (fijate los años 2014 y 2015). A la inversa, a medida que suben las exportaciones, baja el consumo (mirá 2019 y 2020). 

El movimiento es casi calcado, como una balanza. Sube uno y baja el otro. Vos podrías decir: "Obvio, lo que no se consume adentro se va para afuera". Pero no, no es tan obvio. Porque la demanda del mercado interno de carne vacuna podría ser considerada infinita, o insaciable. Si hoy la gente consume menos carne es sencillamente porque está fuera de su alcance.

Vamos a los números. En 2021 estamos consumiendo un promedio de 43 kilos de carne anuales per cápita. En el año 1958 consumíamos 98. Y sólo 20 años atrás estábamos en 64. O sea que la baja es categórica. 

Y vamos a la inversa. Mientras en 2010 se exportaban 24 mil toneladas de carne vacuna, en 2020 totalizamos 74 mil. Como lo ves en el gráfico, el tobogán descendente es calcado del ascendente. Más guita para los productores del campo, menos consumo para vos, para mí, para tu vieja, para tus chicos, y para toda esa gente con cara de amargada que pudiste ver en la góndola de las carnes.