Buitres con oficinas en la Argentina

En gran parte, muchos de los dólares que tomamos en calidad de préstamo se fugaron a partir de operaciones básicas de carrying trade, o la ya conocida “bicicleta financiera”.

Capitales extranjeros traen dólares y compran bonos argentinos en moneda local. Hasta aquí, nada fuera de lo normal. Sin embargo, durante la gestión de Macri, las tasas de interés que pagaban los bonos nacionales se encontraban dentro de las más altas del mundo, llegando algunas al 70% anual en pesos.

Convenía, entonces, utilizar esas tasas de interés para luego vender los bonos, comprar dólares habiendo ganado una diferencia significativa y volver a iniciar la operación, la bicicleta, o llevarse los dólares afuera. Así se generaban ganancias millonarias sin mover un solo pelo mientras se vaciaba la reserva de dólares argentina.

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Según Jorge Capitanich, los montos fugados escalan hasta los u$d 80 mil millones.

“Fue un endeudamiento que no sirvió para tener más rutas, más energía, más desarrollo, empleo o calidad educativa. Sirvió para una fuga alevosa de capitales en donde están vinculados fondos del exterior con funcionarios cómplices del estado nacional”, Jorge Capitanich.

Chalecos amarillos

La extorsión de los grandes capitales especuladores no es única en nuestro país. En Francia, país que preside Emmanuel Macron, se vivió una situación que puede llegar a replicarse en la Argentina.

Blackrock, el fondo buite estadounidense, comenzó a quedarse con las hipotecas de viviendas. Así ingresaron en el mercado inmobiliario y de alquileres. Ante la inminente aprobación de regulaciones sobre los precios de los alquileres, el fondo buitre amenazó con retirar cientos de miles de viviendas del mercado.

El grupo de protesta asociado a los chalecos amarillos reaccionó al avasallamiento financiero tomando una de las cedes de Blackrock en París.

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La deuda argentina no es mayoritariamente con el Fondo Monetario Internacional, sino con fondos privados de capitales extranjeros como Blackrock. Son entidades que se caracterizan por la agresividad y la inflexibilidad a la hora de negociar, así como por tener pocos escrúpulos al momento de inmiscuirse en políticas nacionales.

Si en Francia lograron quedarse con las hipotecas, ¿pueden hacer lo mismo con los créditos UVA?

Ciertamente, desembarcan en países como el nuestro en busca de mayores negocios. La excusa es siempre apostar al desarrollo. Para estos capitales, el desarrollo de un país no es relevante en términos políticos ni soberanos, sino sólo en tanto significa un negocio y una ganancia propia. Cuando el negocio no sea el desarrollo y sean las hipotecas o la energía de un país, para ellos es lo mismo.

Lejos de incentivar el pánico, hay que ser conscientes de lo que son capaces: porque lo han hecho.